Eva BlanchClose
Eva BlanchWork(EN, ES, CA)
Close

The Labyrinth Promised to Borges

1 of 3

Fashion and Arts Magazine. Prensa Ibérica, 2017

The original text is in Spanish


El Laberinto della Masone es una idea poética hecha realidad de un esteta de otros tiempos, el editor y coleccionista Franco María Ricci, que este mes de diciembre cumple 80 años. Es también la promesa cumplida a un amigo venido de Argentina, el gran Jorge Luís Borges, con el que imaginó un laberinto distinto a todos.

Ando con Beatriz de Moura por pasillos flanqueados por portadas y páginas de libros. Me detengo a cada paso subyugada por la calidad gráfica de cada centímetro de papel. Admiro en voz alta el diseño, las ilustraciones, el formato, el autor. Pero Beatriz no parece escucharme, no se detiene. Se muestra amable y cariñosa como siempre es conmigo, pero sigue andando y pronto la pierdo.

Nos encontramos visitando una colección de arte de una singularidad excepcional. A las afueras de Fontanellato, un pequeño pueblo de Parma. Es el museo del Laberinto della Masone,­ el centro cultural que Franco María Ricci imaginó hace décadas y que hoy es ya una realidad. Un complejo de más de siete hectáreas que responde, no a un sueño, sino a muchos sueños acumulados por el prestigioso editor italiano a lo largo del tiempo: “Un Jardín, un Museo, una Biblioteca, una Casa editorial, una Sala de Fiesta y Baile, la Plaza de un Pueblo con su iglesia, un Laberinto botánico.” Así lo describe el propio Ricci en la introducción de su magnífico libro Labirinto della Masone (2014).

Hemos viajado hasta aquí invitadas por Franco María y Laura, su atractiva y enérgica mujer, y nos han alojado en un apartamento dentro de una de las casas de campo que conforman la propiedad de la familia, a medio kilómetro del Laberinto. El apartamento es también oficina y de sus paredes cuelgan impresiones pegadas con celo de la famosa revista FMR, con su célebre portada de fondo negro, y he curioseado lo que imagino son tentativas, dudas de director de arte, y mi sensibilidad como diseñadora gráfica se ha exaltado ante “la revista más bella del mundo” como la calificó Jackie Kennedy o “la perla negra” según Fellini.

1 of 4

Más tarde tendré el privilegio de hojear un libro de Giambaptista Bodoni que el propio Franco me muestra. El “Di majuscole e caratteri cancellereschi” un splendido manuale mai portato a complimento, in parte diffuso dal 1782, di grandissima rarità es uno de los 1.200 ejemplares que conforman la Biblioteca privada más grande del mundo sobre el célebre tipógrafo y editor, al que Ricci, nacido también en Parma dos siglos más tarde, venera como su verdadero maestro. Vuelvo a reclamar la atención de Beatriz mientras Franco María va pasando las páginas y yo admiro en silencio aquello que el editor aprendió de Bodoni y ha proclamado tantas veces: una página de un libro debe ser apreciada como una obra de arte, los espacios blancos cuentan tanto como los negros, la proporción entre lo lleno y lo vacío, lo fino y lo grueso, el respeto por los márgenes, “porque el lector tiene derecho a la belleza, al placer estético, mientras lee”.

Luego vendrán las cubiertas de La Biblioteca de Babel (la colección de género fantástico prologada y dirigida por Borges), Los signos del hombre, las otras amigas de Carroll, los monos de la Gazzetta del bibliófilo, el Códex Seraphinianus. Y Beatriz seguirá su recorrido por las otras salas, magnetizada por todo lo demás, educada pero distante hacia lo que yo le muestro. Es entonces cuando la busco y le pregunto el por qué de su actitud. Y ella me lo cuenta.

1 of 6

Beatriz de Moura (fundadora y directora literaria de Tusquets Editores hasta 2015) y Franco María Ricci se conocieron a mediados de los años setenta en Milán, en una de las exuberantes fiestas que daba Inge Feltrinelli. Las casas de campo y los palazzi llenos de champagne francés, aristócratas, ricos o comunistas (o las tres cosas a la vez) y un remoto motivo editorial que excusaba tanto festejo deslumbraron a una joven Beatriz que imaginó un mundo editorial irresistiblemente maravilloso. A partir de entonces Franco y Beatriz se citaron cada año en la ineludible feria del libro de Frankfurt, para almorzar, para cenar, para hablar de libros. “Ricci era un referente a seguir, un sofisticado que iba de vuelta, un personaje de una gran complejidad. Un rara avis también entre los suyos. Fue una excentricidad que iniciara su actividad editorial con un facsímil del Manuale Tipografico de Bodoni, a mediados de los años sesenta, en pleno furor comunista. Recuerdo que en Frankfurt le gustaron nuestros primeros libros, aquellas portadas tan imaginativas que diseñaron Luis Clotet y Oscar Tusquets cuando tenían 20 años, (Cuadernos Ínfimos o La Sonrisa Vertical). Y nunca olvidaré la primera lección que aprendí de él: La importancia visual de la cubierta. Hasta entonces, las tapas, especialmente en España, eran muy poco atractivas, las letras eran espantosas, la cuestión gráfica no se tenía en cuenta.”

Y fue en una de esas citas anuales en la feria alemana, cuando Beatriz enseñó a Franco la maqueta de su futura colección de narrativa con la que estaba decidida a plasmar ese primer aprendizaje: apostar por una cubierta donde la ilustración tuviera toda la fuerza, atrapara al lector, lo sedujera. Así nació la gráfica de Andanzas, la colección de narrativa referente de Tusquets Editores.

–Es por eso, Eva –prosigue Beatriz– que todo el trabajo editorial de Franco María, sus libros, sus colecciones, su revista, su soberbio y exquisito gusto, es fabuloso pero lo conozco muy bien, es parte de mi formación. Pero en cambio– y levanta la mano y anda unos pasos– todo esto– y señala los óleos y las esculturas y las acuarelas y las fotografías y el Jaguar– Todo esto no, Eva. Esto no lo conocía.

1 of 4

Beatriz, Oscar and Franco, smoking and talking after dinner

Las casi 500 piezas de arte que Ricci exhibe en su museo son el resultado de 50 años de un coleccionismo singular, único, aparentemente dispar. Los brutales tigres mexicanos de Ligabue se mezclan con los estilizados maniquíes Art Decó de Erté, los sobrecogedores cráneos de las Vanitas con utopías neoclásicas. Pero el recorrido a través de todas ellas discurre con misteriosa armonía. Hay un hilo que lo teje todo y ese hilo es Franco María. El guapo aristócrata que tras estudiar Geología decidió abandonarlo todo para dedicarse con pasión y riesgo al mundo de la edición, del arte y la belleza. Creando un sello original y febril, mezclando lo que a priori no se podía mezclar, guiado siempre por el lema de Bodoni que él hizo suyo: “Solo quiero belleza, no trabajo para la vulgaridad”.

Beatriz concluye, pensativa, visiblemente emocionada: “Gracias a esta visita he conocido más a mi colega de otros tiempos. Esto es su recorrido vital, intelectual, un auténtico legado que lo ha desnudado ante mis ojos. No lo voy a olvidar”.

Una pirámide de ladrillos rosados, un océano de millones de bambúes que han calado gustosos en una tierra que no es la suya, resguardan este precioso legado a la espera de que todos nosotros –visitantes curiosos algo necesitados de miradas únicas y belleza tangible– lleguemos para disfrutarlo.

Eva Blanch 2017 Fmr Laura Beatriz 7127 Copia
1 of 1

Eva Blanch, Franco Maria Ricci, Laura Casalis, Oscar Tusquets and Beatriz de Moura